Al rechazo de la mujer real


Gracias te doy,

porque soy de mi musa,

y de tu bofetada

rescato el ancho río

de los olvidados fuegos

en soledad y brío.


Gracias te doy,

¡no dejes de mirarme

con desdén e indiferencia!

no te daré mi lágrima,

sino toda plegaria.


Pues mi numen es mi destino,

y a ella debo el todo:

desde el tono azul

hasta la melancolía.

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