No. Silene no era como las demás chicas. Ella era distinta. Era demasiado enigmática y yo me había enamorado de ella.
Una vez me invitó a su casa y le había dicho que me gustaban los Bitls, y me dijo «MIRÁ», mostrándome unos CDs recopilatorios de los fab four.
Me acuerdo que escuchamos «For no one» y no sé por qué me acurruqué en ella como un chico, aunque ya teníamos veintipico, los dos.
Me puse en su falda mientras ella me acariciaba la cabeza como si fuese un perro, o un nene.
Las trompetas de «For no one» se sentían más dulces todavía, y tanto, que hoy a los cuarenta y seis, me acuerdo como ayer. McCartney había hecho que hasta yo, que era bastante tonto con las mujeres obtenga dulzura de una de ellas, y hasta ahora quizá podría recurrir a él, o a una de esas baladas empalagosas que siempre tiene a mano.
Después Silene me presentó a su novio, y todo eso; pero ese momento de intimidad
jamás pudo igualarse entre nosotros.
Me pregunto qué habrá sido de ella, lo más probable es que alguien con su sensibilidad haya terminado mal, pero ojalá sea de otra manera.
Buenísimo.
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